lunes, 18 de julio de 2016

Cuentos del corazón III

Lolita una niña Arco-iris





El abejorro

Paseando entre las flores del gran parque donde Lolita juega se encontró con una gran cantidad de abejorros que le recordaron a sus bonitos peluches los que tanto les gusta abrazar. Una luminosa sonrisas despuntó en su cara y aceleró su paso hacia donde estaban todos esos peluches voladores y entonces dos señoras y un señor que estaban hablando cerca del lugar más maravilloso del mundo, para Lolita en ese instante, la detuvieron:

  • ¡Ey cuidado!-dijo la primera señora-
  • ¿Dónde vas?-dijo el señor-
  • Quiero abrazar a esos lindos bichitos -dijo entusiasmada Lolita-
  • ¡No, No y No!, ¡pero sabes lo que te puede ocurrir!

Lolita quedó con su cara sonriente y su corazón expectante deseosa de escuchar las maravillas que se supone iba a recibir de sus YA nuevos amigos y amigas.. pero entonces... los adultos empezaron a decir:

  • ¡Debes temerles!
  • ¿qué son? -dijo lolita-
  • ¡Son bichos desagradables que pican y hacen mucho daño?
  • ¿pero como se llaman? -preguntó Lolita-
  • Abejorros niñita, son Abejorros horribles con los que puedes enfermar incluso por una picadura de uno de ellos
  • si los miras mucho rato te pueden ¡¡¡atacar!!!.. abrazarlos dice la niña.. -y comenzaron a reir los tres-

Lolita ya entendía que no podía abrazar físicamente a esos bichitos tan pequeñitos, pero ella ya había entendido que no sólo se dan abrazos agarrando al otro sino que puedes abrazar con la mirada, con la palabra, incluso con el silencio... ¡este es el mejor de los abrazos! Y por supuesto ya había entendido hace tiempo que no todos los adultos quieren escuchar su forma de expresar quién ella sabe que es... Una niña Arco-Iris.. esto le hacía mucha gracia decirlo.
Las señoras y el señor continuaban en un sin fin de bla bla bla... que Lolita nunca entendía cuando los adultos hablaban y hablaban sin escuchar lo que se decían...

Lolita se alejó de allí apenada con la cabeza baja y sus manitas en los bolsillos, arrastraba sus pies por la arena fina de la zona de juego en su cerebro resonaban las tres voces temerosas de esas personas y no podía escuchar la suya propia pero entonces algo pasó, al sacar la mano de su bolsillo para agarrar la cuerda del columpio uno de los abejorros se posó dentro de su manita y ahí quedó quietito
Lolita no lo podía creer, una gran sonrisa retornó a su rostro y sus ojos brillaron con alguna lágrima que asomaba mostrando su felicidad, respiró profundo y se dirigió nuevamente al lugar dónde estaban todos los abejorros, por suerte para ella no había ningún adulto a la vista, así que se sentó a una distancia corta de donde estaban todos esos peluches voladores y con su amigo en la manita hizo lo que mejor sabía hacer observar, recoger datos y disfrutar.

  • Parece que os gustan mucho esas flores lilas, creo que se llaman lavanda, las estudié en el cole, ¿sabes? -decía Lolita al abejorro- Sois como las abejas pero más gorditos, con vuestros colores amarillos y negros y esa forma de comunicaros podrían ser vuestras primas, ¡no te parece!, bueno no sé, pero sería muy gracioso una fiesta entre vuestro grupo y el suyo, flaquitos y gorditos... ¡qué bonito!... ¡me encantaría poder ver una fiesta así!. Puedo entender que no os guste que os toquen porque la mayoría de las manos humanas son torpes y brutas para vuestros delicados cuerpos, créeme no sois los únicos insectos que pensáis esos de los humanos.


Lolita observaba a su amigo y cuanto más lo observaba más mágico le parecía y todas las teorías científicas que había escuchado hace un rato se desvanecían y sus ganas de conocer más sobre Los Abejorros aumentaba, se lo notaba en el calor de sus mejillas y la sonrisa amplia dibujada en su cara.
Ya llevaba allí un largo y entretenido tiempo observando y apuntando datos en su brillante cerebro, se levantaba y daba vueltas alrededor de ellos muy despacito y en silencio, entonces de repente el Abejorro que aun estaba en su mano, empezó a agitar sus alitas y voló junto con los demás, así que Lolita tomó esto como una señal de ya saber todo lo que hasta ese momento tenía que saber, no hay que obsesionarse con saber todo al mismo tiempo, le dijo un día su abuela, si lo haces te olvida de lo que realmente quiere el corazón, así que Lolita dijo:

  • Gracias amigo mio nunca olvidaré este momento ahora me voy a merendar y a leer un poco sobre vosotros, recibir este abrazo -Lolita cerro sus ojos y quedó unos segundos en silencio frente a todos esos abejorros que parecía entenderla perfectamente pues por unos segundos dejaron de emitir su conocido sonido- ¡Adiós!

Lolita se marchó saltando y cantando, entró en su casa y agarró su libro de insectos, el que su papá le había regalado no hacía más de una semana, y ahí estaba efectivamente el Abejorro, y que gran sorpresa y alegría se llevó cuando leyó, “El abejorro es un insecto pacífico y rara vez pica”, saltó al sofá y empezó a gritar:

  • ¡lo sabía, lo sabía!

Una vez más Lolita encontró sus respuestas en la observación y siguiendo su propio corazón, y lo reafirmó entre los libros de su pequeña e importante biblioteca particular, la cual iba creciendo a medida que ella iba ampliando su observación con todo aquello que la rodeaba.




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